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May 24, 2018

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¿Está el alma en el cerebro?

Proyecto Fin de Curso, Master 2017/8 Las Palmas

 

INTRODUCCIÓN

 

 

Este trabajo surge de la inquietud que siempre he sentido al preguntarme ¿quién soy?, ¿de dónde vengo? y ¿qué hago aquí?. Desde muy pequeña sentí como si no perteneciera a mi núcleo familiar y desde entonces, aunque me he tenido que adaptar a mi entorno porque era eso o morir, siempre he estado buscando porque siempre he sentido que hay algo más aparte de lo que podemos ver con nuestros ojos físicos. Y esto me ha llevado a una práctica milenaria como es el YOGA.

 

Esta pregunta es la que se realizan muchos neurocientíficos en la actualidad: ¿Está el alma en el cerebro?, porque las investigaciones les están llevando cada vez más a que efectivamente no sólo somos lo que vemos y sentimos, sino que hay mucho más. De hecho, han descubierto que entre las partículas más pequeñas que forman la materia universal (átomos, protones y electrones) lo único que encuentran es vacío, es decir, nada. Por eso, yo más que hacerme esa pregunta que muchos de ellos se hacen me plantearía la siguiente: ¿Está nuestra alma en ese vacío universal?

 

Según Mario Alonso Puig, la ciencia para nada se opone a la dimensión trascendente de la existencia. Lo que si se opone, lo niega y tiende a hundirlo es una corriente filosófica que se llama el cientificismo, que dice que lo único que es real es lo que se puede pesar y medir.

 

Alexis Carrel, padre de los trasplantes de cirugía vascular, premio Nobel de medicina en 1912 dijo lo siguiente: las realidades que no se pueden pesar ni medir son mucho más importantes que aquellas que si se pueden pesar y medir.

 

Una de las cosas mejores de la ciencia, y sobre todo de la ciencia de los últimos años, es que nos ha permitido entender con bastante claridad hasta qué punto todo está conectado. La situación psicológica, emocional y biológica de una persona no son entidades completamente distintas sino que están profundamente interrelacionadas.

 

Si echamos un vistazo a la historia de las neurociencias, nos damos cuenta de que en el pasado diversos órganos han sido identificados como el centro de los pensamientos o sentimientos. Por ejemplo, los egipcios creían que el corazón y el diafragma eran los órganos responsables del pensamiento. En la antigua Grecia, encontramos (los primeros) debates sobre la importancia del cerebro en relación a la vida mental de un individuo. El primer neurólogo (o neuropsicólogo) del que se tenga noticias es Alcmaeon Crotón, un alumno griego de Pitágoras en el siglo V antes de Cristo. Es que sobre las bases de sus investigaciones clínicas o patológicas se propuso que el cerebro era el órgano responsable del pensamiento y de las sensaciones humanas. Un siglo después, Platón tuvo una postura similar y propuso al cerebro como “asiento del alma”. Lo fundamentó de una manera particular: al estar la cabeza más cercana a los cielos que cualquier otra parte del cuerpo, resultaba la zona más probable para contener al “divino órgano”. En el lado opuesto del debate se hallaban Empédocles y Aristóteles (contemporáneos de Alcmaeon Crotón y de Platón respectivamente), que defendían al corazón como continente del alma. Cien años luego de Alcmaeon y Empédocles, los escritos de Hipócrates constituyeron otro importantísimo punto de inflexión. Hipócrates, quien vivió también en la antigua Grecia y desarrolló sus principales aportes a la ciencia en el siglo IV antes de Cristo, creía que el cerebro era el responsable del intelecto, los sentidos, el conocimiento, las emociones y de las enfermedades mentales.

                       

CEREBRO Y SUS PARTES      

 

 

        

El cerebro controla todos los aspectos de nuestra vida. A medida que los humanos hemos evolucionado ha doblado su tamaño. Pesa sólo  en torno a un kilo, trescientos gramos, pero consume el 20% de todo el combustible que recibe el cuerpo y genera energía suficiente como para mantener una bombilla encendida.

                       

Gran parte de las funciones fisiológicas del cerebro implica recibir información del resto del cuerpo, interpretarla y guiar la respuesta del cuerpo. Es el último responsable del pensamiento y movimiento que el cuerpo produce.

                       

Los tipos de estímulos que el cerebro interpreta incluyen sonidos, luz, olores y dolor. El cerebro también interviene en operaciones vitales como respirar, liberar hormonas o mantener el nivel de presión arterial.

Permite a los humanos interaccionar exitosamente con el medio al comunicarse con otros e interactuando con objetos inanimados.

                       

El cerebro está compuesto de células nerviosas que interactúan con el resto del cuerpo a través de la médula espinal y el sistema nervioso.Se podría decir que el cerebro ha ido evolucionando como si fuera una casa vieja a la que se han ido añadiendo habitaciones y en la que hay escaleras y pasillos.

                       

En el sótano está la parte más antigua llamada tallo o tronco encefálico. Es algo que compartimos con los reptiles y otros mamíferos. Es lo que nos mantiene vivos. Gobierna funciones vitales como el ritmo cardíaco, la respiración, la digestión y la presión sanguínea, y cosas que ocurren sin que tengamos que pensar en ellas. En los humanos, este área contiene la médula, mesencéfalo y protuberancia.

 

•    Mesencéfalo: conduce impulsos motores desde la corteza cerebral hasta el puente troncoencefálico y conduce impulsos sensitivos desde la médula espinal hasta eltálamo.

•    Protuberancia

•    Bulbo raquídeo: sus funciones incluyen la transmisión de impulsos de la médula espinal al encéfalo.

 

También regulan las funciones cardíacas, respiratorias, gastrointestinales y vasoconstrictoras.

                       

En el sótano también se encuentra el cerebelo que se haya situado en la fosa craneal posterior, justo detrás del tronco encefálico. Es considerado como el gran coordinador de las acciones musculares, juega un papel importante en el equilibrio y tono muscular.

                       

En el siguiente nivel, siguiendo desde abajo hacia arriba, se encuentra el hipotálamo, que se encuentra debajo del tálamo entre  los dos tractos ópticos, justo encima de la glándula pituitaria o también llamada hipófisis. Cumple una función importante en la regulación de la homeostasis o equilibrio del organismo, comportamiento sexual y las emociones. Regula el hambre, el apetito y la saciedad por medio de hormonas, el nivel de glucosa y ácidos grasos en la sangre y se encarga de mantener la temperatura corporal constante.

                       

Por encima del hipotálamo se encuentra el tálamo, que son dos masas esféricas de tejido gris situadas entre los dos hemisferios del cerebro. Recibe las señales sensoriales y las transmite a la corteza cerebral que se encuentra más arriba.

                       

El siguiente nivel es el efecto de la evolución de cientos y miles de años. Se llama sistema límbico ( en griego:puerta a otra dimensión). Es muy importante a la hora de procesar las emociones. Dentro del sistema límbico se encuentra la amígdala cerebral, dos pepitas que tienen forma de almendra, una a cada lado del cerebro. Aunque no son mayores que una uña, son el centro de mando del cerebro para las reacciones emocionales. Entre las más simples y poderosas de ellas se encuentra el miedo, una emoción primitiva que todos compartimos. Cuando nos enfrentamos al miedo, es la amígdala la que responde a la información que envían los sentidos, y de forma instintiva apreta el botón del pánico. La amígdala es una de las zonas del cerebro con más interconexiones. Envía señales a zonas del tallo o tronco encefálico que generan respuesta del cuerpo: empiezas a sudar, el corazón se acelera, puede que te quedes paralizado, o puede que salgas huyendo.

                       

En condiciones normales , el cerebro se comunica con el resto del cuerpo usando señales eléctricas diminutas. Los impulsos que las células del cerebro mandan a otras del cuerpo viajan a más de 430 kilómetros por hora. Es una de las formas que el cerebro tiene de decirle al cuerpo que haga algo. Pero bajo coacción, el cerebro libera hormonas químicas. La amígdala envía un torrente de hormonas químicas de adrenalina y cortisol al torrente sanguíneo, llamadas hormonas del estrés.

                       

Estas hormonas actúan como un grupo de asalto, preparando la mente y el cuerpo para la acción: aumentan el ritmo cardíaco, la respiración y la presión sanguínea. Los sentidos se agudizan, la memoria está más despierta y el cuerpo se vuelve menos sensible al dolor. Se han identificado una serie de técnicas que dan como resultado el control del miedo, incluso en situaciones extremas: fijación de objetivos, ensayo mental, auto discurso y control de la excitación. Los científicos creen que la fijación de objetivos funciona ayudando a los lóbulos frontales. Concentrarnos en un objetivo concreto permite al cerebro dar forma al caos y mantiene bajo control a la amígdala, centro emocional del cerebro. El ensayo mental o visualización consiste en recrear una actividad en la mente para que cuando suceda de forma real te resulte más natural. El auto discurso ayuda a centrar los pensamientos. Una persona normal se habla a sí misma una media de entre 600 y 1000 palabras por minuto. Si estas palabras son positivas en vez de negativas pueden ayudar a anular la señal de miedo procedente de la amígdala. El control de la excitación se centra en la respiración. Respirar despacio y de forma consciente ayuda a combatir a algunos de los efectos del pánico. Las espiraciones largas en particular, imitan el proceso de relajación del cuerpo y proporcionan más oxígeno al cerebro, con lo que puede trabajar mejor. La respiración es una buena estrategia de concentración. Estas técnicas son una prueba de que se puede entrenar el cerebro así como entrenamos los músculos de nuestro cuerpo.

 

Los científicos han descubierto, que ha medida que los humanos evolucionaban, otra parte del cerebro llamada corteza cerebral empezó a participar en el proceso del miedo. La corteza cerebral sería el segundo piso, y es la parte del cerebro que más humanos nos hace. Es la capa exterior delgada y rugosa del cerebro que se divide en cuatro grupos de lóbulos:

 

1.       Lóbulos prefrontales: corresponde a la zona que está justo encima de nuestros ojos, y son las habitaciones más nuevas del cerebro. A medida que los humanos evolucionaban, los lóbulos prefrontales se convirtieron en el lugar donde se procesan los pensamientos racionales conscientes. Es donde resolvemos nuestros problemas. Son el conductor del cerebro, sincronizando toda la actividad. Los científicos dieron un gran paso en la investigación del miedo descubriendo que la información de nuestros sentidos circula hasta la amígdala al doble de velocidad que hacia los lóbulos prefrontales. La diferencia de velocidad entre las señales cerebrales supone que a menos que sepamos reaccionar por instinto a una amenaza potencial, nos quedaremos paralizados por el miedo, mientras esperamos que los lóbulos frontales den con la respuesta adecuada. Son responsables del racionamiento y de la planificación. Estos lóbulos controlan varias funciones como la resolución de problemas, pensamiento creativo, juicio, intelecto, atención, comportamiento, reacciones físicas, pensamiento abstracto, movimientos coordinados, músculos coordinados y personalidad.

 

2.       Lóbulos Parietales: Trabajan para controlar la visión espacial y la coordinación mano-ojo. Este lóbulo se centra en el movimiento, cálculo, orientación y ciertos tipos de reconocimiento.En el lóbulo parietal se pueden encontrar:

  • El cortex motor: permite que el cerebro controle el movimiento del cuerpo. Se localiza en la parte media superior del cerebro.

  • El cortex sensorial: se localiza en la parte frontal del lóbulo parietal y recibe información desde la médula espinal sobre la posición de varias partes del cuerpo y cómo se mueven. Esta región también se puede usar para transmitir información del sentido del tacto, incluyendo dolor o presión, la cual afecta a diferentes porciones del cuerpo.

 

3.       Lóbulos temporales: controlan la memoria visual, auditiva y comprensión del habla.Incluye áreas que ayuden a controlar capacidades de habla y escucha, comportamiento y lenguaje.El área de Wernicke es una porción del lóbulo temporal que se encuentra alrededor del cortex auditivo y formula y entiende el habla. 

 

4.       Lóbulos occipitales: El lóbulo occipital se encuentra en la parte posterior de la cabeza y controla la visión.

 

Además, dentro del sistema límbico se encuentra el hipocampo. Los recuerdos se almacenan y se recuperan en la zona del hipocampo. Sin él, no se crean nuevos recuerdos. En el cerebro existen al menos  dos tipos de memoria: memoria a corto y a largo plazo, y esta zona del cerebro convierte la memoria a corto plazo en memoria a largo plazo.

 

 

EL CEREBRO EN EL SISTEMA NERVIOSO HUMANO

 

El cerebro forma parte del sistema nervioso. El sistema nervioso se divide en dos grandes partes:

1.       Sistema Nervioso Central: está formado por el cerebro y la médula espinal, que está protegida por la columna vertebral   y se ocupa de llevar toda la información del cuerpo hacia el cerebro.

2.       Sistema Nervioso Periférico: está formado por una compleja red de nervios que llevan los estímulos desde el cuerpo hacia el cerebro (vías aferentes) y desde el cerebro al resto del cuerpo (vías eferentes). Este sistema se divide en dos grandes partes:

 

•                SNP SOMATICO: Responde al ambiente y relaciona el organismo con él; abarca todos los nervios espinales que inervan la piel, las articulaciones y los músculos que se controlan de forma voluntaria. Por ejemplo, si tocas sin querer una superficie caliente, tus reacciones serán automáticas: tu rostro expresará dolor e inmediatamente retirarás la mano. En tu interior, el contacto de la mano con esa superficie se traducirá en señales neurales que viajarán por los nervios sensoriales. En la médula espinal, estas señales se transmitirán a las neuronas, ya que el sistema nervioso central y el periférico interactúan siempre. Algunas de estas neuronas conectarán con la parte del cerebro que las interpreta como dolorosas y otras con las neuronas motoras que controlan los músculos de la mano, y harán que la retires en cuanto te duela. Este ejemplo tan simple muestra cómo el sistema nervioso registra, distribuye e integra la información para provocar un comportamiento que responde a procesos de enorme complejidad y que se producen ¡en milisegundos!

 

•     SNP AUTÓNOMO: También se llama involuntario, vegetativo o visceral, porque está relacionado con el medio interno del cuerpo. Lo forman las neuronas que inervan los órganos, los vasos sanguíneos y las glándulas. Este sistema es básicamente eferente, pues transmite impulsos nerviosos desde el sistema nervioso central al periférico y controla actividades que no podemos dominar de forma voluntaria, como las del corazón o las de las glándulas. También se conoce como sistema adrenérgico o noradrenérgico, ya que se ocupa de preparar al organismo para que reaccione ante situaciones que provocan miedo o estrés.

 

PROCESOS MENTALES

 

Desde el siglo XVII, en la época de Descartes se sostenía que habían dos tipos de procesos mentales, digamos procesos más psicológicos, intelectuales, de razonamiento, de reflexión; y los procesos emocionales. Y que los segundos eran como de segundo nivel.

                       

Hoy en día los científicos han demostrado que están estrechamente unidos y por eso de alguna manera si una persona tiene su parte emocional bloqueada, su parte intelectual puede funcionar de manera incorrecta.

                       

El ser humano se ha estado adaptando continuamente a procesos de cambio profundo a lo largo de su historia. Esta fuerza para adaptarse surge primero de un aumento sanguíneo en ciertas partes del cerebro, especialmente de la parte anterior, llamado lóbulo prefrontal. Estos lóbulos como ya hemos visto  anteriormente, nos ayudan a prestar más atención, a aprender más deprisa, a ser más creativos, nos invitan a explorar. Hay una secreción de una sustancia hormonal llamada dopamina que invita a explorar. Nuestro cerebro está preparado para la incertidumbre, pero cuando se bloquea porque entra en un bucle de pensamientos negativos, acude al sistema límbico y en concreto a la amígdala, que también mencionamos anteriormente, entrando en pánico y por lo tanto en la opción a solo tres respuestas posibles: ataque, bloqueo o salir corriendo, que no es más que la respuesta del miedo.

                       

Cuando tenemos emociones tóxicas como el resentimiento, la ira, la frustración, de una manera continua y estable, la amígdala segrega una hormona que se llama cortisol . El cortisol se acopla a la membrana de las células de los glóbulos blancos o linfocitos, que son células que nos protegen de bacterias, virus y tumores, y no les deja funcionar correctamente.

                       

El estrés es una reacción del organismo en su conjunto ante una perturbación que ha habido. Una perturbación que puede ser externa (por ejemplo, voy por la calle y me roban) o una perturbación interna ( me como cincuenta bollos de azúcar). Parte de ese estrés es positivo, se llama eustrés, y es  el que me hace estar más concentrado y me ayuda a crecer. Sin embargo, hay otra forma de estrés que se llama distrés que es el que te anula, te frustra, te amarga y te hace daño. Hoy en día se sabe que la causa número 1 de estrés es estar hablándonos internamente y constantemente de manera que lejos de ayudarnos, lo que estamos haciendo es bloquearnos ( por ejemplo, nunca lo vas a conseguir, es que eres torpe, te faltan títulos académicos, …). Por eso la ciencia ya sabe que la percepción del mundo individual es una construcción mental.

                       

Incluso se ha demostrado que los estados emocionales mantenidos durante mucho tiempo de las personas afectan al material genético ( lo estudia una ciencia que se llama epigenética). Se sabe que las emociones, que son causadas primero por un pensamiento, interactúan con la membrana de las células transformando el material genético, durmiendo unas y activando otras, en función de la emoción que se esté experimentando. Por eso hoy en día, existen tantas enfermedades autoinmunes, que no son más que enfermedades que hacen que nuestro sistema inmunológico se vuelva contra nosotros porque no se reconoce  a sí mismo.

                       

Además, muchas de nuestras emociones tienen un reflejo inmediato en el tubo digestivo. En el cuerpo humano, actualmente, se han identificado tres cerebros: el cerebro propiamente dicho, descrito anteriormente, el cerebro del corazón y el cerebro del tubo digestivo. Para que nos hagamos una idea de la importancia de esto, diremos que el corazón tiene aproximadamente 50.000 neuronas, la médula espinal 100 millones de neuronas y el aparato digestivo 500 millones de neuronas, es decir, cinco veces más que la médula espinal. La hormona más importante en los estados de serenidad y calma es la serotonina que  también es producida en un 90% por el tubo digestivo. Estos tres cerebros, en principio, están interconectados, lo que pasa es que a veces se independizan, sobre todo cuando no hay coherencia entre ellos.

 

¿REALMENTE EL CEREBRO PUEDE CAMBIAR?

                  

Antiguamente se pensaba que la personalidad de una persona quedaba formada definitivamente a los 7 años y que al llegar a la vejez había una destrucción masiva de neuronas.Hoy en día, se sabe que el cerebro es neuroplástico. La neuroplasticidad del cerebro tiene dos facetas: la conexión de nuevas neuronas y la generación de nuevas neuronas a partir de células madres, y esto ocurre a lo largo de toda la vida hasta que morimos. Nosotros podemos generar entre 500 y 1000 neuronas a partir de células madre al día. Las células madre tienen que viajar un milímetro hasta el hipocampo y ahí en 21 días se han convertido en nuevas neuronas. Estas nuevas neuronas de la memoria y el aprendizaje reestructuran toda nuestra personalidad porque tienen conexiones con la corteza cerebral. Quiere decir, en el fondo, que estamos reinventando nuestro cerebro cada día, porque depende hacia dónde yo me enfoque ( pensamientos negativos o positivos) hacia dónde se van a dirigir esas neuronas.La zona anterior izquierda del cerebro o lóbulo prefontal izquierdo es la base de las emociones positivas.

 

EJERCICIO FÍSICO Y CEREBRO

                       

La situación psicológica, emocional y biológica de una persona no son tres entidades distintas, como hemos dicho anteriormente, sino que están profundamente interrelacionadas. Esto hace que el ejercicio físico y la nutrición no se vean simplemente como cosas accesorias en la vida de una persona sino como cosas fundamentales.

                       

Se sabe que hay formas de alimentación que mejoran la depresión, que retrasan el envejecimiento y mejoran la energía y la vitalidad.

                       

Durante el ejercicio físico no sólo ocurren cosas a nivel de los músculos sino que están ocurriendo cosas a nivel del cerebro. Durante el ejercicio físico practicado de manera regular, se liberan cinco neurotransmisores en el cerebro que producen cambios importantes en el estado emocional de una persona: adrenalina, serotonina, dopamina, gana y acetilcolina.

                       

El ejercicio físico también potencia la memoria porque aumenta las cifras de una sustancia hormonal llamada BDNF que favorece la conexión entre las neuronas a nivel cerebral. Los griegos ya decían eso de: “Mens sana in corpore sano” y es una realidad profundamente importante para el ser humano. En el paleolítico los hombres caminaban una media de 25 km y las mujeres de 19 km diarios. Hoy en día, el sedentarismo es causa directa de enfermedad, pero no sólo desde el punto de vista físico ( aumento de muertes prematuras, problemas cardiovasculares, diabetes tipo II, …)  sino también desde el punto de vista psicológico, que produce un deterioro profundo del individuo ( depresión, ansiedad, ….).

 

¿POR QUÉ REZAMOS?

                       

Miles de personas se congregan cada día aquí y en el mundo para orar, pedir o agradecer en derredor de un templo, una figura o una idea de ser que nos trascienda. Es allí también donde muchas veces se deposita la esperanza de un trabajo que lleve a la mesa el pan de cada día, la sanación de un ser querido o el deseo de la vida eterna ante el desamparo de un triste fallecimiento.

                       

Datos antropológicos ponen énfasis en la universalidad de la búsqueda de un ser superior entre diversos grupos de culturas primitivas y avanzadas durante muchos miles de años. Para algunos, esta universalidad podría interpretarse como sugerencia de que algunas estructuras básicas en el cerebro necesitan de Dios. Otros argumentan que la religiosidad es un artefacto de la evolución.

                       

Aunque se trate de un tipo de pensamiento extendido y milenario, las neurociencias durante mucho tiempo han sido renuentes a la investigación científica sobre la espiritualidad. El estudio de las bases neurales de la religión recién está empezando a ser un tópico aceptado de investigación dentro de las neurociencias cognitivas. Es así como la Universidad de Oxford ha creado un centro multidisciplinario que estudia las bases neurobiológicas de las creencias (religiosas u otras) y cómo estas afectan nuestros estados de conciencia y sentimientos.

                       

Diferentes grupos de científicos han utilizado las neuroimágenes funcionales para observar los cambios que ocurren en el cerebro cuando una persona tiene una experiencia religiosa. Por ejemplo, en un estudio se examinó la actividad cerebral cuando las personas rezaban. Aunque estos ensayos pueden pecar de reduccionistas y producir una comprensible controversia, permiten generar un riquísimo debate sobre si el cerebro humano está programado para tener fe o si es una habilidad mental que el cerebro humano desarrolló a través de la cultura.

 

                       

La pregunta a la que pueden remitirse los estudios neurocientíficos no se corresponde con cuestiones ligadas a cada una de las creencias religiosas, sino a temas más básicos: ¿por qué los seres humanos experimentamos la religión?, ¿qué procesos neurales se activan en el tránsito de esa experiencia? Por ejemplo, durante la meditación, los lóbulos parietales, que procesan nuestro sentido de orientación y conocimiento de uno mismo, disminuyen casi por completo su actividad. También baja la actividad de la amígdala, una región involucrada en el proceso del miedo. A medida que la tecnología de neuroimágenes avance y los tests cognitivos sean cada vez más avanzados, podremos discriminar, del mismo modo, cómo las sensibilidades creativas y religiosas interactúan.

                       

Existe evidencia de que las personas creyentes viven más y mejor. Algunos investigadores sugieren que en esto podría haber una ventaja evolutiva, ya que no se trata necesariamente de creer en tal o cual sentido, sino en poseer un cerebro con capacidad para tener fe. Pero aunque los científicos avancen en esta área, posiblemente nunca resuelvan el gran dilema: si nuestras conexiones en el cerebro crean a Dios o si Dios crea nuestras conexiones cerebrales, o si el alma está en el cerebro.

 

LA MEDITACIÓN Y LAS NEUROCIENCIAS

 

Ejemplo de estos vastos desafíos es el gran foco que han puesto muchos laboratorios del mundo, a lo largo de las últimas décadas, en el estudio de conductas ligadas a la espiritualidad y la meditación, ámbitos que típicamente fueron considerados antagónicos de la ciencia. Sin embargo, cada vez más científicos dedican sus esfuerzos a comprender cómo es que nuestro cerebro permite comprometernos con conductas ligadas a conceptos tan abstractos.

 

A fines de la década de 1970, fue fundada en el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts la Clínica de Relajación, luego devenida en la Clínica de Reducción de Estrés basada en mindfulness. Esta práctica es considerada una forma de meditación para algunos y una práctica complementaria a las terapias tradicionales para otros.

                       

En la actualidad, el llamado “mindfulness” (“atención plena” o “presencia mental”, según algunas traducciones) y otras técnicas se utilizan como ayuda en el manejo interdisciplinario de distintas condiciones clínicas, médicas y psicológicas, incluyendo el dolor crónico, la ansiedad y el estrés.

                       

Ciertos estudios reconocen que durante una práctica de meditación, se evidencia un predominio del sistema nervioso parasimpático, es decir, de las estructuras de nuestro sistema nervioso autónomo que generan los cambios fisiológicos asociados con la relajación, tales como la disminución de la frecuencia cardíaca y la respiratoria. Para estos investigadores, la meditación puede producir cambios también en nuestro sistema nervioso central. Se ha visto, por ejemplo, que las áreas de la corteza prefrontal, asociadas con emociones y funciones sociales, son intensamente estimuladas con la meditación, mientras que las áreas del cerebro típicamente asociadas con el procesamiento de las emociones negativas, tales como la amígdala, disminuyen su actividad.

 

Pero quizás los hallazgos más sorprendentes realizados en voluntarios que reportaban altos niveles de espiritualidad son aquellos que muestran cambios incluso más allá del sistema nervioso. Por ejemplo, se ha visto un aumento en los niveles circulantes de anticuerpos, sugiriendo que algunas prácticas de meditación sirven, incluso, para mejorar la función inmune.

                       

Lo interesante, también, es que este tipo de resultados se observan con un buen período de sueño continuo, demostrando que estados en los que hay cambios fisiológicos y normales de nuestra conciencia contribuyen a la regulación de la función inmune, así como también de la endocrina.

                       

Estas investigaciones, lejos de demostrar el efecto irrevocable de un ejercicio en particular, nos permiten bucear en la compleja interacción entre el cerebro y ciertas prácticas espirituales que, aunque no aparenten, también dependen de él.

 

EL CAMINO DEL YOGA COMO CIENCIA                 

                       

El yoga es pura ciencia y Patañjali es el nombre más importante del mundo del yoga. Por primera vez en la historia de la humanidad, hace miles de años y lejos de nuestra ciencia actual, este hombre elevó la religión al estado de la ciencia; convirtió la religión en una ciencia, en una disciplina sometida a leyes.

                       

La diferencia entre una religión y el YOGA es que la religión necesita de creencias y el yoga no. El yoga lo único que dice es EXPERIMENTA. La ciencia dice “no te creas nada , duda todo lo que puedas”. Al igual que la ciencia pone el énfasis en los experimentos, el yoga lo hace en la experiencia, en la práctica. Experimento y experiencia es lo mismo, y sólo difieren en su dirección. El experimento es algo que se hace externamente, y el experimentar la experiencia es algo que se lleva a cabo internamente.

                       

Así pues, la segunda cosa que habría que recordar es que el YOGA es existencial, empírico y experimental. No se requiere creencia ni fe alguna, sólo coraje para la experiencia.

                       

Además, el YOGA no es una filosofía. No se trata de algo en lo que debas ponerte a pensar, es algo que tú tienes que ser. Pensar es algo que se produce en tu cabeza a través de los mecanismos de tu cerebro, y no es algo que tenga que ver con los más profundo de tu ser, sino más bien con el mundo que percibes y cómo tu cerebro interpreta eso. Dice Patañjali, el corazón es tu centro más profundo y tu cabeza no es sino una rama. EL YOGA SE OCUPA DE TODO EL SER.

                       

Para Patañjali el YOGA es el cese de la mente, de esos procesos mentales que comentábamos antes en un apartado anterior de este trabajo, que son producidas por las percepciones sensitivas y reacciones químicas que desencadenan nuestro cuerpo a través del cerebro. La mente es sólo una función , una actividad recreada a partir de nuestra corteza cerebral a través de las experiencias y/o conocimientos que vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida. Normalmente, consideramos la mente como algo sustancial que está en el interior de nuestro cerebro, pero la ciencia moderna no está de acuerdo con ésto: la mente es sólo una función, una actividad de nuestro cerebro.

                       

Hemos estado hablando a lo largo de este trabajo, que muchos estudios científicos ya demuestran que los pensamientos negativos mantenidos en el tiempo provocan daños en nuestro cuerpo, a veces , de manera irreversible. En este sentido, Patañjali dice que la mente puede ser tanto origen de esclavitud como fuente de libertad, y que todo depende de cómo se utilice. Cómo ya decía Patañjali, y ahora muchos estudios de neurociencia, la mente no es algo distinto del cuerpo, sino que están interconectados: cuando influimos sobre uno, el otro también queda afectado, tanto desde el punto de vista positivo como negativo. En occidente, lo conocemos como procesos psicosomáticos (mente-cuerpo).

                       

Anteriormente, cuando hablábamos del cerebro se dijo que habían una serie de técnicas que resultaban efectivas a la hora de controlar los procesos mentales involuntarios. Esta técnica constaba de cuatro pasos a saber:

1.       Fijación de objetivos: los científicos creen que la fijación de objetivos funciona ayudando a los lóbulos frontales. Concentrarnos en un objetivo concreto permite al cerebro dar forma al caos y mantiene bajo control a la amígdala, centro emocional del cerebro.

2.       Ensayo mental:o visualización consiste en recrear una actividad en la mente para que cuando suceda de forma real te resulte más natural.

3.       Auto-discurso : ayuda a centrar los pensamientos. Una persona normal se habla a sí misma una media de entre 600 y 1000 palabras por minuto. Si estas palabras son positivas en vez de negativas pueden ayudar a anular la señal de miedo procedente de la amígdala.

4.       Control de la excitación: se centra en la respiración. Respirar despacio y de forma consciente ayuda a combatir a algunos de los efectos del pánico. Las espiraciones largas en particular, imitan el proceso de relajación del cuerpo y proporcionan más oxígeno al cerebro, con lo que puede trabajar mejor. La respiración es una buena estrategia de concentración.

                       

De la misma forma, pero con mayor acierto, Patañjali, hace miles de años ya había dado 8 pasos fundamentales para el cese de la mente:

 

1.       Autocontrol o autodisciplina (Yama): consiste en dirigir la propia vida, no reprimir las energías sino dirigirlas. Proporcionar una dirección a tu energía vital. Por lo general, en tu mente a una multitud de voces interiores: ve hacia allí, otra dice: eso no tiene sentido, mejor vete al teatro, etc… Cómo vemos tiene que ver con el tercer paso de la técnica mencionada anteriormente (auto-discurso).

2.       Observancia Regular (Niyama): Significa vivir una vida que cuenta con disciplina, no dejarse llevar por los pensamientos ni tampoco controlarlos, más bien observarlos sin juzgarlos.Como vemos también tiene que ver con el tercer punto de la técnica anteriormente citada ( auto-discurso).

 

3.       Postura (Asana): Significa estar en una postura relajada. Estás tan relajado en ella, tan tranquilo que no hay necesidad de mover el cuerpo. Tiene que ver con el primer paso de la técnica anterior( fijación de objetivos),en el sentido de que  en cualquier postura el cuerpo siempre intentará revelarse. De repente, sentirás dolor allí y acá, se te dormirán las piernas y en muchas partes del cuerpo notarás cierta agitación. En este caso el cuerpo te estará engañando. Tú estás acostumbrado a seguir a tu cuerpo, y no a que tu cuerpo te siga a ti.

4.       Respiración (Pranayama): dice Patañjali: y cuando hayas descubierto tu ritmo, practícalo, conviértelo en parte de tu vida. Pocos poco se tornará inconsciente. Luego ya sólo respirarás a ese ritmo. Y con ese ritmo tu vida será la de un yogui. No serás colérico, no te sentirás tan sexual, no tes sentirás lleno de odio o de miedo. Esto se corresponde con el cuarto paso de la técnica anterior ( control de la excitación) a través de la respiración.

                        Como vemos hasta aquí, vamos viendo que la técnica que utilizan los científicos para controlar el miedo y la angustia en el cerebro , ya la hacía muchos años atrás Patañjali.

5.   Abstracción (Pratyahara): No dejarse llevar por los sentidos.

6.    Concentración (Dharana):  consiste en fijar tu conciencia en un punto, aunque las circunstancias de la vida quieran sacarte de tu centro.

7.    Contemplación (Dhyana): significa meditación. No hay nada en este estado, pero aún así uno sigue en estado de vigilancia consciente. Hay ausencia del significado de sí mismo.

8. Trance (Samadhi): es cuando dejas de saber que eres y no hay reflexión sobre ello. Es un punto de no retorno en cual un hombre sigue estando en este mundo pero no es de este mundo.No existen los deseos, no queda nada por lograr. No hay “más allá”, has llegado a casa: iluminación-superconsciencia.

                       

Como vemos, ya en estos cuatro últimos pasos la ciencia y la neurociencia se pierden un poco, y entraría en juego otras ciencias empíricas como la física cuántica y no tan empíricas como la metafísica, ciencias que no voy a abordar porque este trabajo sería muy extenso entonces.

 

 

CONCLUSIONES

 

¿ ESTÁ EL ALMA EN EL CEREBRO?

                       

Por ahora los neurocientíficos no han llegado a esa conclusión, pero si ya van pudiendo ver que todo en este universo esta interconectado, que todo en nuestro cuerpo-mente está interconectado y que no podemos separar una cosa de la otra.

                       

Según Patañjali, máximo exponente del YOGA desde hace milenios, está claro que nuestra alma no está en el cerebro sino que hay algo más con lo que podemos conectar para llegar a ser y no sólo estar en el mundo.

                       

Hoy en día, el “mindfulness” (atención plena) es una técnica que está muy de moda y en auge en nuestra sociedad, sobre todo por los nuevos descubrimientos que la ciencia moderna está haciendo. Pero realmente es algo verdaderamente antiguo, en el sentido de que es una técnica muy profunda de hace montones de años que la ciencia médica en los últimos 30 años sencillamente ha mostrado. Y digo ha mostrado, porque no ha demostrado, es decir,  no ha demostrado su valor, porque ese valor se ha demostrado a lo largo de muchos siglos, como bien transmitió Patañjali.

                       

Los datos aportados por la medicina pura, la neurociencia contemplativa y la neurociencia afectiva son verdaderamente sorprendentes: vieron un poder transformador en las personas que seguían esta técnica. Se han visto cambios en la arquitectura del  cerebro, mejora de la salud, activa el sistema nervioso parasimpático que es el que nos hace sentir relajados, reduce el envejecimiento, mejora la creatividad, mejora la productividad, etc…

                       

Hace 2500 años, en Grecia, una serie de personas descubren aspectos de la realidad que muy pocos antes habían ni siquiera atisbado. La escuela de Pidauro, un escuela médica fundada por el gran médico Hipócrates, descubre que cuando la relación con los enfermos es especial, en cuanto a afecto y en cuanto a cercanía, algo en esos enfermos se activa, y eso que se activa mejora su salud. Incluso consiguen hacer frente a enfermedades que en aquella época se consideraban incurables. El maestro Hipócrates decía: no nos olvidemos que quién cura es el cuerpo.

                       

Hace 2500 años, en la India, muy cerca del Nepal, el príncipe Gautama Shidarta (Bhuda: el despierto), se dedicó 12 años a investigar qué pasaba en la mente, y cuál era el origen del sufrimiento humano. Y después de 12 años, él lo descubrió después de un largo proceso que terminó con la iluminación y un nuevo despertar. Él decía:“Para enseñar a los demás, primero has de hacer tú algo muy duro: haz de enderezarte a ti mismo”. Hay algo en nosotros que necesita corrección. Hay una enfermedad en la mente que hace que nosotros nos veamos, veamos a los demás y veamos el mundo de una manera profundamente distorsionada.

                       

También hace 2500 años, el más sabio entre los chinos Lao Tzu, decía: “si estás deprimido es porque vives en el pasado. Si estás lleno de ansiedad es porque vives en el futuro. Si estás en paz es que vives en el presente”. El mal de nuestra sociedad actual es la ansiedad y la depresión. Todavía se preguntan por qué se consumen 7 milllones de ansiolíticos y antidepresivos al mes.

                       

Budha y Lao Tzu descubrieron que la mente está enferma, y como la mente está enferma se impone al mundo real. El mundo real es uno pero yo construyo un mundo mental que se superpone al mundo real y lo bloquea.

                       

Albert Einstein, padre de la física cuántica, decía que existe una realidad paralela que somos incapaces de verla con nuestros sentidos, y que nuestra percepción se encuentra congelada en una de ellas.

                       

Herbert Benson, profesor y cardiólogo reconocido de la Universidad de Harvard, fue el primer científico que se interesó por el mindfulness. Mientras tanto, occidente rechazaba todo lo que era la meditación en el mundo de la ciencia. Él se encontró con el problema de que muchas personas sufrían de hipertensión arterial y que muchas veces la medicación no era suficiente. De repente, se enfadaban con alguien y se disparaba su tensión. Y se dijo: Tiene que haber otro sistema. Entonces, bajo esta curiosidad se fue al Himalaya, a 7000 pies de altura en la India, a la comunidad tibetana, y con un permiso del Dalai Lama empezó a estudiar qué hacían los monjes, porque le habían dicho que los monjes eran capaces de activar el sistema parasimpático. Descubrió que los pensamientos, y la mente  alteran los estados de ánimo de sus enfermos y por lo tanto sus constantes vitales más todavía si cabe si están enfermos,  y que cuándo estos pacientes se iniciaban en la técnica de la meditación la cosa cambiaba radicalmente.

                       

El profesor Jam Selly, descubrió que cuando nos enfadamos hay una fase de resistencia que tiene tres respuestas: o te irritas, o huyes o te bloqueas. El decía que esto con el tiempo te podría hacer enfermar.Hoy en día, la Universidad de Harvard ha demostrado que entre el 60% y el 90 % de las consultas a médicos generales en el mundo occidental tienen que ver con estar viviendo en esta fase de resistencia. La tensión emocional puede generar enfermedad.

                       

Actualmente, se sabe que cuando la amígdala del cerebro, que era la que registra las emociones, sobre todo el miedo, está muy activa, los lóbulos prefrontales que son los que me ayudan a tomar decisiones claras se bloquean. Y que además, cuando el hipocampo reduce su tamaño, la amígdala está más activa. La doctora Lazaar, también de la universidad de Massachusett, ha demostrado que el hipocampo aumenta de tamaño con la meditación y también con el ejercicio físico. Cuando una persona está super tensa, super estrenada y no encuentra esos espacios de calma y de silencio, baja el tamaño físico del hipocampo porque mueren neuronas y la amígdala se enloquece. Entonces se convierte en una persona más reactiva a las tormentas de la vida.

                       

El doctor John Kabansin, microbiólogo del instituto tecnológico de Massachusett, había visto en su propia experiencia como ser humano, que estas prácticas contemplativas de encontrar el silencio, la paz, etc…le ayudaban a ser menos reactivo con los demás, a estar menos agobiado, a estar más equilibrado, a aprender más deprisa,…y  en 1976 creó la primera clínica de gestión del estrés en el mundo. En 1993, un periodista famosísimo de esa época le hace una entrevista y lo da a conocer al público, haciendo incluso un programa de televisión de una hora dedicado al mindfullness. Ya llevan 30 años investigando los efectos y han visto que efectivamente, que la práctica del mindfulness tiene la capacidad de mejorar la salud y es conocido en el mundo entero.

                       

Existen otros descubrimientos que apuntan a que tenemos un sistema en el cerebro que se llama DFN, y es el que hace que tú puedas conducir sin saber que tú estás conduciendo. Puedes pensar en mil cosas y el coche va solo. Este sistema hace que no estemos en el presente. En estudios con electroencefalograma y resonancia funcional magnética, han observado que hay un circuito en el cerebro que es el que hace que vayamos en piloto automático (cuando conducimos, cuando hablamos con otra persona y pensamos en otra cosa, etc..) pero que con la práctica del mindfulness la actividad de este circuito se reduce y se activa otro circuito, que es el más importante para ver las cosas como son y tomar las decisiones adecuadas que te ayuden a salir hacia adelante en la vida, para ser más creativo, etc… y que es la red ejecutiva central, que te permite estar especialmente atento.

                       

Otros estudios que se han hecho con electroencefalografía, han visto que cuando una persona está estresada, los dos hemisferios del cerebro no se hablan, no se comunican entre sí. El hemisferio izquierdo es el lado de la conciencia ordinaria ( te permite estructurar, hacer categorías, utilizar el lenguaje, es el que te permite manejar el tiempo mental: pasado, presente y futuro) y el hemisferio derecho es el que está en contacto fundamentalmente con el cuerpo, es la entrada al inconsciente, es un presente continuo, es una sensación de presente eterno y es donde están los grandes recursos del ser humano, pero no podríamos funcionar sólo con el hemisferio derecho. Estos estudios han visto que la práctica del mindfulness favorece el diálogo entre ambos hemisferios y favorece el funcionamiento del hemisferio derecho que envuelve con su acción al hemisferio izquierdo.

                       

Como hemos visto a lo largo de toda esta lista de estudios y no estudios sobre el conocimiento de uno mismo, el cerebro y el cuerpo y algo más, todos van llegando a la misma conclusión:

 

“EXISTE ALGO MÁS : SOMOS ALGO MÁS QUE MATERIA Y  QUE LAS REACCIONES QUÍMICAS DE NUESTRO CUERPO; SOMOS ALGO MÁS QUE UNOS PROCESOS MENTALES  Y EMOCIONALES QUE NOS CONTROLAN; HE AQUÍ LA CIENCIA MILENARIA DEL YOGA Y DE LA MEDITACIÓN: “NO IDENTIFICARSE CON LA MENTE Y EL CUERPO”… (PERO SIGO SIN SABER CÓMO HACERLO).

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